He leído ahora Moby Dick, y entiendo por qué no estaba entre mis lecturas infantiles, ni juveniles, para un niño/a puede ser muy pesada, aunque hay ediciones adaptadas para jóvenes lectores. Mientras lees ese tocho de 700 páginas, no te parece estar con una novela entre las manos, claro que no es la novela más larga que he leído, pero sí creo que es una de las que más digresiones eruditas contiene, porque es una mezcla de tratado sobre la morfología de las ballenas y del comportamiento de los cetáceos, como asimismo de la vida de los hombres que van en su busca para darles caza. Animales de una feroz fuerza salvaje enfrentados a hombres tan feroces y salvajes como ellas, o aún más. Hoy en día no se podría escribir un libro así en el que la muerte cruel de una ballena es uno de los temas centrales. Porque son los mamíferos marinos más voluminosos y están en peligro de extinción.
¿Qué es, entonces, Moby Dick? Se parece a una monografía etnográfica, narrada como una novela, aunque no revela sus fuentes, pero podemos suponer a Melville frecuentando los bares portuarios donde se reunían los hombres del mar y leyendo tratados sobre cetáceos, igualmente. Su secreto reside en parecer que no habla de oídas, sino que lo ha vivido. Su narrador es Ismael, pero es un narrador ficticio, porque no resulta creíble que un cazador de ballenas posea semejantes destrezas, tanto narrativas como de conocimientos científicos. Incluso imaginando que en sus largas temporadas semi ociosas en el barco se dedicara a leer compulsivamente. Bueno, tal vez por eso sea una novela, porque el narrador se esconde tras un personaje novelesco y carga con la responsabilidad del testimonio y de contar posteriormente lo que ha visto y vivido. Si hubiera muerto con los otros no podría contar su historia. Podemos pensar que es una estrategia literaria, en el Quijote, por ejemplo, tampoco Cervantes se hace dueño de la novela, sino que el escritor de la historia es Cide Hamete Benengeli. Aunque este Cide no cobra tanto protagonismo como Ismael.
En un momento dado la novela se enfrenta al dilema: “Pero ¿qué
dices Ismael? ¿Cómo es posible que tú, simple remero durante la caza, pretendas
saber algo acerca de las partes subterráneas de la ballena?”(560) En el barco
hay otros hombres con más conocimientos que él, aunque enseguida da respuesta a
la pregunta pues desguazaron un cachorro de cachalote al que Ismael hace
mediciones muy precisas que va apuntando. Ismael tiene que tener el aura de
aventurero loco, marinero inquieto, aprendiz de cazador de ballenas y narrador
insigne; quizás finalmente lo que cuente sea lo que le ha enseñado la vida. Y
también llega a decir de él que es omnisciente o trata de serlo. De hecho, dice
que es un escritor sobre ballenas y para tal fin se ha provisto de una enorme
edición en cuarto del diccionario de Johnson que tiene un amplio léxico sobre ellas.
También se dice geólogo porque ha sido albañil, excavador de pozos, canales,
sótanos y cisternas; estos trabajos le sirven para hablar de las ballenas
fósiles. E incluso del posible exterminio de la ballena, aunque piensa que es
difícil que esto ocurra.
Además, compone poemas y se los tatúa. Me encanta este medio de
registrar datos y poemas en el propio cuerpo, aunque sea muy limitado, pero es
indeleble. Es la única manera de no perder la información en un naufragio.
El capitán Ahab es tal vez el protagonista, no aparece hasta que
están ya en alta mar, a Ismael le produce una honda impresión:
Con la pierna de hueso asegurada en ese agujero, un brazo
levantado, asido de un obenque, el capitán Ahab permanecía erguido, mirando más
allá de la proa que se balaceaba sin cesar. En la energía fija, intrépida y resuelta
de esa mirada había una infinita fortaleza, una voluntad obstinada e indomable.
No dijo una sola palabra (195).
Hay otros personajes interesantes, como el herrero Perth que hace
migas con Ahab, tal vez porque los dos están tocados por la vida, con
cicatrices, por eso a Perth no le queman las chispas que salen de la fragua. Ahab
es insondable, pero le dice a Perth: la desdicha ajena me impacienta cuando no
lleva a la locura (será porque lo mejor es enloquecer para soportarla). Ahab no
piensa, sólo siente. “Es un gran hombre, no es religioso pero se parece a un
dios” (147). Se interesa por la ballena moribunda que mira hacia el sol
poniente, buscando la vida. También el negro Pip despierta el cariño de Ahab, en
una extraña mixtura.
El mar es el lugar para olvidar cuando anida la mortal melancolía,
algo así le sucede a Ismael en el momento que decide embarcarse para no hacer
otras cosas que no debería, el mar es una terapia, pero también tiene dos caras,
también es cruel
La ballena blanca, Moby Dick, es la gran protagonista, casi ausente,
pero al final aparece en el horizonte con una belleza indescriptible:
Una alegría serena, la intensa placidez del reposo en la velocidad
aureolaba a la ballena. Ni siquiera Júpiter, aquel toro blanco que huyó a nado
con una Europa asida de sus graciosos cuernos, mirando a la muchacha con el
rabillo de sus maliciosos ojos enamorados y avanzando a prodigiosa velocidad
hacia el refugio nupcial de Creta, ni siquiera Júpiter en esa majestad suprema,
aventajó a la gloriosa Ballena Blanca, que nadaba como una divinidad.
En armonía con la corriente bifurcada que corría a cada uno de sus
lados, los flancos esmaltados de la ballena irradiaban seducción. Cómo
asombrarse de que, fascinado por toda la serenidad, algún cazador se hubiera
arriesgado a asaltarla, más sólo para descubrir que tal placidez sólo ocultaba
ciclones (665-666).
Yo veo Moby Dick como una reflexión sobre la vida y las
dificultades para conseguir o alcanzar las metas que nos proponemos ilusamente,
porque la meta siempre es inalcanzable, lo importante es el recorrido y la
belleza y el horror de los seres que pueblan la existencia. Ahab sucumbe en su
afán de venganza contra la ballena blanca y lleva a otros también a la
destrucción y nos transmite una amarga lección.
MELVILLE, H. 2024. Moby Dick. Introducción Andrew Delbanco,
traducción Enrique Pezzoni. Barcelona: Penguin Random House.

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