Muñoz Molina, Antonio, No te veré morir, Barcelona:
Planeta-Seix Barral, 2023
¿Qué desencadena los procesos que ponen en marcha un cierto
tipo de memoria?
La novela de Muñoz Molina da una respuesta, que en este caso es un nombre, el nombre de una mujer que surge en una conversación
entre dos hombres españoles que viven en EEUU, uno, el más joven es un estudioso
de Valdés Leal y el otro, Gabriel Aristu, es un reconocido ejecutivo.
“…fue el nombre pronunciado de
repente y al azar por alguien que no sabía nada de ella, que lo había dicho con
distraída neutralidad, como se dicen, se escriben, se repiten tantos nombres,
sin saber que uno de ellos en concreto puede contener una semilla, inerte
durante muchos años y revivida en un instante, una semilla o una sola gota de
un líquido que desata una reacción química imparable y todavía escondida, como
la semilla debajo de la tierra…” (147)
Pero puede ser cualquier cosa la que nos lleve al recuerdo, a
veces son pequeños detalles, situaciones que te recuerdan otras. Pero de lo que
habla Muñoz Molina es algo muy poderoso, es como una voz dormida en tus
entrañas que al surgir tiene la virtud de provocar una reacción inesperada que
pone en marcha no solo la memoria sino algo que tiene que ver con la acción, la
toma de decisiones.
Gabriel Aristu decide volver a visitar a aquella chica que
fue su novia cuando estudiaba la carrera, la que dejó en 1967 para ir a vivir a
EEUU donde conseguiría un buen puesto de trabajo, en gran parte por contentar a su padre. Y aunque volvieron a verse en alguna ocasión cuando ella ya estaba
casada con otro, hace como 50 años que se vieron por última vez. El primer
capítulo es un retrospectivo que parte del presente para adentrarse en todo el
pasado que le ha llevado hasta allí, al actual Madrid del barrio Salamanca.
Todo narrado con comas, sin puntos, la memoria en acción, como una persona que
habla sin parar o recuerda de golpe años vividos. No narrada en primera
persona, sino en tercera persona, porque hay un narrador ajeno a la historia
principal. Los capítulos posteriores están puntualizados de forma habitual, o
sea ya tienen punto, punto y coma, etc.
Hay un narrador en primera persona que es el especialista en
Valdés Leal y Gabriel Aristu que es el protagonista del que se habla en tercera
persona y está ella, Adriana Zuber, una mujer con carácter, que es lo que les
falta a los dos hombres; en realidad se trata de la visión de las relaciones personales
y amorosas desde el punto de vista de estos dos hombres: uno, Gabriel Aristu,
brillante, aparentemente exitoso y con don de gentes, pero formal, sin coraje y
el narrador más gris, retraído e infeliz. Unidos por unas confesiones íntimas,
en las que ambos muestran su vulnerabilidad, sus secretos.