En enero de 2003 leí la tesis en el departamento de Antropología Social y Cultural de la UNED, fue un acto académico en el que el presidente, elegido por mí, era Manuel Gutiérrez, porque había sido profesor mío en Antropología de América. Él criticó mi método de análisis de las antiguas leyendas que yo analizaba en mi trabajo y me sugirió utilizar para otras ocasiones o posiblemente para revisar lo ya hecho, el método de Ginzburg basado en el análisis indiciario, básicamente rastrear los indicios. Así que me puse a leer a ese Ginzburg con el que me encontré bastante de acuerdo, parece ser que su método que se parece a las investigaciones policiacas y judiciales, debe bastante a un anterior estudioso llamado Morelli, un historiador del arte que para averiguar la autoría de una pintura no se fijaba en lo que otros se fijaban, sino en pequeños detalles, casi imperceptibles y de esa manera averiguaba con exactitud las autorías, y no solo tuvo repercusión en la historia del arte sino también en la creación de novelas.
En Rayuela de
Julio Cortázar podemos utilizar este mismo sistema para comprender a sus
personajes y para llegar a entender lo que el escritor está tratando de contar.
Él habla no solo de la dificultad que tenemos los seres humanos para
relacionarnos, especialmente en el amor, sino también de la dificultad del
literato o contador de historias para expresar dignamente lo que sentimos los
humanos. Para ello divide la novela en tres partes: 1) Del lado de allá
(París). 2. Del lado de acá (Buenos Aires). Estas dos partes son los 56
capítulos imprescindibles donde se cuenta la historia central de Horacio
Oliveira, sus amigos y sus amores. 3) De otros lados (Capítulos prescindibles).
Especialmente dedicado a Morelli: Algunos piensan o postulan que Morelli en
Cortázar es un novelista alter ego, yo pienso que, aunque pueda ser eso, su
Morelli tiene tintes y semejanzas con el método propuesto por Giovanni Morelli
el crítico de arte italiano.
De
hecho, en el capítulo 79 que pertenece a la parte prescindible, llegamos a
conocer de la propia mano de Cortázar cómo es el método Morelli, que es el
suyo. Y él nos dice que su novela trata de hacer al lector su cómplice, también
la llama novela cómica, anticlímax, y con una buena dosis de ironía, “deberá
transcurrir como esos sueños en los que al margen de un acaecer trivial
presentimos una carga más grave que no siempre alcanzamos a desentrañar” (454).
Su novela “no engaña al lector”, sino que le da “una arcilla significativa”,
“un comienzo de modelado, con huellas de algo que quizá sea
colectivo, humano, no individual (454). O le da “una fachada, con puertas y
ventanas detrás de las cuales se está operando un misterio que
el lector cómplice deberá buscar y quizá no encontrará” (Ibid.). Así que su
narración se acerca al método de Morelli porque la clave no está solo en un
cierto parecido con una realidad, sino que tenemos que fijarnos en los
diferentes detalles que el escritor nos va dando para llegar a componer un
retrato aproximado de sus personajes, sus relaciones y las situaciones anímicas
y sociales que se proponen. Hay que indagar más para llegar a un acercamiento
casi fidedigno de lo que hacen y piensan los humanos.
Su
protagonista es un tipo inconformista que no quiere hacer lo que hace todo el
mundo, pero su alegría no está en cosas sesudas sino en fabricar un barrilete u
otros instantes de “enajenación dichosa” entre “muslos de mujeres” y con
ciertas lecturas. Quiere estar fuera del molde social, pero solo lo consigue en
parte y acepta de los demás la parte que no está plastificada por la
superestructura social. “Con su mano libre se abofetea la cara la mayor parte
del día y en los momentos libres abofetea la de los demás” (442).
Racionalmente
piensa que la Maga, su amor, le enviaba signos o indicios (la
razón de sus lágrimas, o su manera de freír las papas) de la imposibilidad para
que se entendieran. Ellos tenían una relación curiosa, en principio no se
citaban pues se buscaban a ciegas por el entramado de calles de ciertos barrios
y siempre se encontraban, lo que les hacía felices por esa comunicación
telepática. Nunca estaban de acuerdo en las razones. Pero eso hacía al amor
algo diferente a un cromo o una romanza. Aunque viven juntos por un tiempo,
pronto surge la desunión, el hijo de ella está muy enfermo y él se va del
apartamento porque no soporta la vida que llevan. El niño muere y la Maga
desaparece, cuando Horacio vuelve al piso le cuentan que ella ha desaparecido y
que tal vez se ha ahogado, pero nada está claro ni llega a ser esclarecido,
todo son suposiciones o indicios. El problema estriba en tener lástima o no de la Maga, pero
no la tiene o eso cree él, que no le da lástima que la Maga se quede sola y se
le muera el niño. Y Horacio es sentenciado por el Club de amigos intelectuales
que lo expulsan por ser inquisidor, entonces decide volver a Buenos Aires,
pasando por Montevideo por si encuentra allí a la Maga…No la encuentra y en
Buenos Aires le recibe un antiguo amigo y su mujer, la que le recuerda a la
Maga. Pero no es como la Maga, es una mujer que se ha amoldado a la vida que
lleva.
Rayuela tiene aspectos cómicos que llegan al absurdo y junto o entre esas situaciones dislocadas surge el lado trágico de la vida, la incomprensión, el desamor, el suicidio, como notas o signos de una imposibilidad casi estructural para ciertas personas de amoldarse a lo que les toca. Cortázar es un mago de las palabras, tiene una habilidad extraordinaria para expresar con muy pocas, a veces una o dos, aspectos complicados de la vida humana. Veamos algunos ejemplos: cuando la Maga dice una tontería Oliveira piensa que es tonta: ”Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma” (52). En otra ocasión habla de la reconstrucción de la “memoria indócil” de Horacio para buscar a la Maga por Montevideo. O, por ejemplo, los “pliegues de la vida”: “esas inesperadas mostraciones de algo que uno no se había sospechado y que de golpe ponen todo en crisis” (318). También, hay algunas palabras clave como el “glíglico”, un idioma musical para enamorados; o el bello símil de la “golondrina” y la Maga; y el “puente” que necesita Horacio para pasar de una situación a otra, aunque al final parece que no lo ha encontrado y quiere acabar con las “conjeturas” o lo que es lo mismo acabar con su vida; otra palabra importante es “lástima” que ahora no se utiliza mucho, pero que utilizaba mi abuela, el término se refiere a una propiedad muy humana que implica compadecerse del otro y que Horacio no es capaz de tener en cuenta o llega a darse cuenta tarde de su importancia. Simplificando mucho, podríamos decir que en el mundo que crea Cortázar existen los personajes que juegan a la rayuela y se amoldan o se asimilan a las situaciones y los otros, los que no juegan a la rayuela y no se asimilan. Y habría un tercer grupo interesante los que juegan mal a la rayuela porque se salen de la cuadrícula…
CORTÁZAR, Julio, Rayuela, Barcelona: EDHASA, 1980
GINZBURG,
Carlo, Mitos, emblemas e indicios. Morfología e historia,
Barcelona, Gedisa, 1989
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